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Mikel Ayestaran: "Cuando callan las armas, ese momento es mágico"



Ya casi es verano pero en Estambul sigue haciendo frío. Aún hay puestos de castañas asadas por las calles pero de vez en cuando, la habitual capota gris de la ciudad se abre para dejar paso al sol.


"Lo que más echo de menos de Jerusalén es la luz", dice Mikel Ayestaran sentado en un banco, como no podía ser de otra manera, en un parque frente al mar. "Antes tenía la cúpula dorada frente a mi ventana y ahora tengo el Bósforo". "La situación en Jerusalén se estaba poniendo un poco complicada. Nuestro barrio se estaba volviendo cada vez más ortodoxo y era momento de cambiar. Y qué mejor que de Jerusalén a otra ciudad como Constantinopla".


Hace ocho años, Mikel decidió mudarse a Oriente Medio con su familia, algo que, como todos nos podemos imaginar, "es duro". "Yo era como una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Me pasaba el tiempo viajando por un lado y por el otro en mi casa en Azpeitia. Pero casi le prestaba más atención a lo que pasaba fuera que a mi familia y eso no podía ser. Tenía que buscar un equilibrio", dice mientras juega con las manos como si fuera una balanza. Jerusalén es una ciudad donde la tensión puede casi masticarse en ocasiones pero puede ser también la base perfecta para un periodista que cubre la región. "Estamos hablando de ciudades milenarias y por lo cual, han pasado muchas más cosas aquí que en Wisconsin".


Entre esas cosas, la guerra ha ocupado un espacio muy grande. Pero quizá no tan grande como podamos pensar. "Vamos a ver", abre Mikel, "al final, en un informativo de televisión tienes 30-40 segundos; en un periódico tienes dos páginas. Lo más interesante es lo que pasa en las otras 24 horas del día pero eso no tiene espacio en los medios".


Al contrario de lo que nos hacen pensar las imágenes que nos llegan de Oriente Medio a través de la televisión, en la guerra también hay silencio. Los países de la región son países como otro cualquiera. "La gente se casa, la gente va a misa, a la mezquita, a la escuela, a la compra, a la gente le duelen las muelas", dice mientras repasa en su cabeza la lista de cosas normales con las cejas levantadas.


"Me escriben mensajes todos los días preguntándome '¿nos recomiendas ir?'. Y digo: joder, es que llevan 2000 años así. Si estás esperando a que esto se calme no entras nunca y te vas a perder el lugar más interesante del mundo que es Oriente Medio", ríe. "La fracción de realidad que podemos transmitir es muy limitada, es lógico, pero para eso tenemos otros formatos como los libros o las entrevistas. Y al final, quien quiere tener la información, la tiene".


Quizá es fácil decirlo cuando uno se encuentra metido en el mundo de la información y Mikel tiene claro cuál es la manera. "Lo importante es tener el impulso de viajar, ir a los sitios, superar esas ideas preconcebidas que puedas tener. Viajar, verlo por ti mismo y experimentarlo. No hay otra".


"Si estás esperando a que esto se calme, te vas a perder el lugar más interesante del mundo que es Oriente Medio"

Pero en realidad sí hay otras formas de acercarse a Oriente Medio cuando uno no se puede permitir unas vacaciones. "Para mí ha sido una sorpresa el tema de los libros. Hay gente que no viaja físicamente pero se ha leído dieciséis libros sobre Jerusalén o de Oriente Medio que yo ni conocía. O están leyendo poesía libanesa. Dices tú 'joe, qué bien, ¿no?'".


En 2006, a Mikel "le cayó una guerra encima" cuando estaba en el Líbano. Desde entonces, ha cubierto conflictos como el sirio o ahora mismo, el de Ucrania, que llama guerra 5 estrellas. "Lo de Ucrania no lo había visto nunca. Vas al frente en tren y tienes 5G en todas partes. Es una guerra comodísima", dice mientras pasea por el parque con el trípode en la mano.


Pero la guerra, por cómoda que sea, siempre lleva horrores con ella. "Lo más bonito que tiene la guerra es la paz", sentencia. "Me acuerdo de las ofensivas de Israel en Gaza. Ese momento en que están negociando y llega la traca final. Unos tiran más cohetes que nunca, Israel bombardeando... y de repente: 'a las once y media entra en vigor el alto el fuego'. Y entra en vigor. Se hace el silencio".


Mikel se abre espacio con las manos con esa última palabra como si quisiera alargarlo lo máximo posible. Su tono de voz ha cambiado, las pausas son más largas y su mirada se pierde en el infinito de sus recuerdos. "Yo tengo un amigo con el que trabajo allí, Cayet. Ese abrazo que nos damos de 'hostia, ya está'. Por ahora ya está. Sabemos que es un paréntesis, que es mentira, que la próxima va a llegar pronto pero cuando callan las armas... ese momento es mágico".


"Lo de Ucrania no lo había visto nunca. Vas al frente en tren y tienes 5G en todas partes. Es una guerra comodísima"

Mikel tiene "una espina clavada con el mundo audiovisual". Le hubiera gustado hacer documentales pero no ha parado de introducir cambios "para mantenerse vivo". "Al principio me daba miedo ir a Iraq, ahora he ido, he dejado de utilizar cámaras y ahora defiendo mi trabajo con el teléfono, he dejado de viajar con mochila, ahora voy con trolley...". Escribir libros es también uno de esos cambios.


"Eso me cambió el chip. Ahora trabajo ya pensando en los dos formatos: en el día a día y en lo que me puede servir para los libros". Lo que no había previsto Mikel es que una ciudad como Jerusalén le aportara el tiempo y la calma como para poder escribir en ese formato. El periodista Xavier Aldekoa y David Beriain han sido una inspiración para él. "Al final del año él me decía 'pues yo he hecho este documental y esto otro, fíjate...'. Yo acababa el año y veía que no tenía nada". Un pique sano que llevó a Mikel a escribir su primer libro: Oriente Medio Oriente Roto. "El tema es sentarte y hacerlo", comenta subrayando con las manos mientras se recoloca sobre el banco.


Mikel parece estar orgulloso de sus libros, que nunca ha releído, cuando saca pecho y visualiza la estantería de su casa. Pero no solo es solo una cuestión personal. "Es importante la labor de divulgación de esta parte del mundo". En sus palabras se puede ver que Mikel es ese tipo de persona que se alegra por los éxitos de los demás. "No hay tanto material en nuestra lengua y creo que es importante hacerlo. Yo animo a todo el mundo que vive en Oriente Medio a que trabaje. Todo lo que hagas va a ser valioso porque no hay. Entonces hay que hacerlo para que quede ahí y la gente se pueda acercar".


Para Mikel, al igual que la guerra, el trabajo del corresponsal está muy mitificado. "El día a día es el día a día". "Aquí el gran problema es encontrar medios que te permitan vivir de esto. Como medio independiente, vosotros en The New Middle East o nosotros en 5Ws, la cosa es encontrar un nivel de suscripciones que te permitan seguir haciendo esto sin tener que estar pensando en la pasta", afirma un poco encogido ante la incertidumbre.


Ya ha habido suficiente banco por hoy y es momento de dar un paseo hacia el puerto. De camino, Mikel señala al restaurante Viktor Levi, que le recuerda a sus tiempos en Israel. La pescadería donde compra almejas por un muy buen precio no está lejos. Pero ya es hora de irse a casa y seguir trabajando. "Artistas en esta vida hay pocos. El resto somos trabajadores. Hay que trabajar mucho".


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