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La resiliencia de los griegos de Estambul


El editor Minas Vasiliadis con montañas de periódicos en la sede del diario Apoyevmatini. | Anna Montraveta Riu
El editor Minas Vasiliadis entre montañas de periódicos en la sede del diario Apoyevmatini. | Anna Montraveta Riu

Cada 23 de abril el camino que lleva a la iglesia ortodoxa de Buyukada –una de las Islas Príncipe, municipalidad de Estambul- se llena de hilos de colores. Los filamentos se atan al árbol del principio de la cuesta y, a medida que se sube el kilómetro hasta el templo griego, se va coloreando el camino. Dicen que si se te rompe el hilo no se cumplirá tu deseo, pero si consigues llegar arriba y continua entero podrás pedir lo que sea. Esta iglesia de la comunidad rum – el nombre viene del imperio romano de Occidente – está dedicada a San Jorge y, por eso, cada 23 de abril se mantiene la tradición de ascender hasta la colina más alta de la isla, donde se ubica.


“Seguro que debía haber un solo griego entre tantos turistas y turcos” repiten miembros de la comunidad. Aunque los griegos antes representaban una comunidad importante en Estambul –o Constantinopla, como les gusta a algunos llamarla aún– ahora más que en una minoría se han convertido en una especie en peligro de extinción. Actualmente, quedan alrededor de 500 familias griegas en la ciudad, y pocas más en el país, puesto que la mayoría se ubican en Estambul.


Durante el último siglo la comunidad griega se ha visto obligada a abandonar el país. Una de las fechas relevantes es exactamente hace cien años, cuando se firmó el Tratado de Lausana. Tenemos que remontarnos a después de la Primera Guerra Mundial, cuando Mustafa Kemal Atatürk, el padre y fundador de la República de Turquía en 1923, estableció las fronteras del nuevo Estado. El Tratado de Lausana es uno de los documentos fundacionales del país, donde se determina los derechos que tendrían las minorías que históricamente habían vivido en el Imperio Otomano.


La iglesia ortodoxa de Buyukada. | Uskarp
La iglesia ortodoxa de Buyukada. | Uskarp

Para construir un nuevo estado fuerte, Atatürk se inspiró en el nacionalismo francés y decidió utilizar la identidad turca como elemento de cohesión para una sociedad homogénea. Así, en ese tratado se estableció que los griegos que vivían en la nueva Turquía serían trasladados a Grecia y viceversa, con algunas excepciones. Se calcula que 1.650.000 griegos fueron desplazados de Anatolia y 670.000 turcos de Grecia hacia Turquía. Otros momentos importantes fueron los pogromos del 6 y 7 de septiembre de 1955 contra las minorías no musulmanas, sobretodo contra los griegos.


Se atracaron comercios e instituciones de estas comunidades y muchos se vieron obligados a irse del país. En 1964 hubo más expulsiones cuando se anuló un tratado bilateral entre Grecia y Turquía, en este caso se expulsaban familias enteras.


El Tratado de Lausana es uno de los documentos fundacionales de Turquía.

“Creo que la comunidad es muy cerrada, supongo que por los motivos históricos y políticos”, opina Kostas, griego de Estambul que trabaja hace diez años en la tienda de recuerdos del Patriarcado Ortodoxo de Constantinopla. Aunque cada vez las generaciones sean más abiertas y haya matrimonios mixtos –dice que hace 30 años no pasaba- la única forma de asegurar la pervivencia de la comunidad es con la inmigración: “Soy muy pesimista, pero creo que la única manera es si viene gente griega, pero es muy difícil porque no tienen ningún trato especial, necesitan hacer todo el procedimiento para conseguir el permiso de residencia y de trabajo”. En 2010, cuando Grecia estaba en una situación de crisis y la economía era más estable en Turquía, algunos se lo plantearon, pero el número de griegos que emigró es simbólico.


Tienda del Patriarcado Ortodoxo. | Anna Montraveta Riu
Tienda del Patriarcado Ortodoxo. | Anna Montraveta Riu

Kostas explica que aún hay lugares de reunión para la comunidad: las Islas Príncipe, donde antiguamente tenían sus segundas residencias, algunos centros culturales –que cada vez son más inactivos- teatros, un hospital y una casa de ancianos, el barrio de Tatavla y un par de clubs deportivos, el de Pera y el de Tatavla. No obstante, los elementos que tienen la función más aglutinadora son las escuelas, puesto que la comunidad cuenta con varias, y con una guardería que permite enseñar la lengua desde la infancia; las iglesias, seguramente gracias a la notoriedad del Patriarcado, la comunidad se considera una minoría; y Apoyevmatini, el último periódico diario en griego que queda en la ciudad.


Minas Vasiliadis es el editor actual del periódico: “Muchos jóvenes se han ido y la comunidad está envejecida. Yo soy el ejemplo contrario, nací en Grecia y a los 22 vine a Estambul, en 2005. Mi padre, que era periodista y que nació y creció en Estambul, volvió para hacerse cargo del periódico y yo quería ver su ciudad de origen”. Explica que se sintió tan cómodo que decidió quedarse, y más después de ver las condiciones en las que trabajaba su padre: “Todo lo hacía de forma manual, yo había empezado a estudiar una carrera relacionada con la informática, así que tenía las herramientas para digitalizar el medio. Eso nos dio más proyección y ahora tenemos suscripciones y seguidores en el extranjero que nos ayudan a sobrevivir”.


Una copia de Apoyevmatini, el periódico donde trabaja Minas. | Anna Montraveta Riu
Una copia de Apoyevmatini, el periódico donde trabaja Minas. | Anna Montraveta Riu

El periódico, que se publica de lunes a viernes desde 1925, informa mayoritariamente sobre Turquía, Grecia, Chipre, las relaciones entre estos países y políticas relacionadas con las minorías. Además, tiene una función social para la comunidad: es donde se publican los eventos, los nacimientos, las bodas y las defunciones. “Es casi lo único que tenemos que nos recuerda que somos griegos, mi misión es seguir con esta publicación, no tengo la autoridad para permitir que se pierda”, añade Mina Vasiliadis. Apoyevmatini fue el primer periódico griego de la República de Turquía y es el segundo más antiguo del país.


“Muchos jóvenes se han ido y la comunidad está envejecida".

Su nombre significa 'la tarde', que es cuando sale, después que los medios turcos hayan publicado las noticias de última hora: “Es un periódico de una minoría, por lo tanto, debe ser mesurado y por eso se aplicar una autocensura”. El hecho de ser prudente es lo que ha permitido que se siga publicando. El problema principal de Apoyevmatini es el financiamiento.


En 2013 se plantearon cerrar porque no era rentable y tuvieron que abandonar la redacción por el precio del alquiler. El diario subsistió gracias a que un académico turco de Holanda les ayudó con una campaña para promover las subscripciones. Consiguieron alrededor de 400 nuevos afiliados y algunos eran turcos, que, aunque no podían entender las noticias querían dar soporte al proyecto: “Eso es lo que me dio fuerzas para continuar, porque vi que Apoyevmatini es parte de la herencia cultural de los griegos, y también del país en general” afirma Vasiliadis. De todos modos, según el editor, los problemas financieros continúan siendo un dificultad.


Una calle del barrio de Balat, donde Barba Vasilis tiene su restaurante. | Anna Montraveta Riu
Una calle del barrio de Balat, donde Barba Vasilis tiene su restaurante. | Anna Montraveta Riu

“Me duele toda la represión que han tenido a lo largo de la historia, y creo que el deber de todos es hacer que su cultura se preserve”, expresa Semiha Hümzeli, propietaria del restaurante Barba Vasilis. Aunque sea turca, desde pequeña vivió rodeada de la comunidad rum: primero de ortodoxos en Antioquía, su ciudad natal, y después en el barrio de Pera a Estambul, donde su familia se trasladó en 1975, cuando ella tenía 9 años.


De mayor compró la casa donde hoy se ubica su negocio, un edificio de principios del siglo pasado, propiedad de una familia griega y situado en Balat, un barrio donde antiguamente vivían las minorías: “Quería construir un negocio para continuar con la historia, y para mí no tenía sentido abrir un kebab en una casa de la comunidad”. Vasilis, un compañero griego de la familia de Semiha, le enseñó la cocina tradicional y les ayudó a abrir el negocio: “Históricamente, los griegos han tenido un rol muy importante en nuestra ciudad y se merecen un respeto. Esta es nuestra manera de ayudar a que la cocina griega original no muera, aunque haya un envejecimiento de la comunidad”.

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